Glosario términos técnicos (Material didáctico)

Pedro Fernández Liria

 

GLOSARIO

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Tribunal que se encarga de garantizar que tanto las leyes como su aplicación sean siempre compatibles con esa norma básica que es la Constitución (norma que, a su vez, debe remitir de un modo u otro a una declaración fundamental de Derechos Humanos). Así, el Tribunal Constitucional es el encargado de garantizar que ni las leyes que dicta el poder legislativo ni las sentencias que emite el poder judicial (conforme a esas leyes) contradicen los principios jurídicos fundamentales recogidos en la Constitución (y que, en último término, han de resultar compatibles con la forma de una posible legislación universal).

 

 

PARLAMENTO

Es la sede del poder legislativo. Es la institución ciudadana en la que los representantes del pueblo (diputados y senadores) debaten sobre los asuntos públicos, argumentan y discuten las diversas propuestas de ley, someten a votación las mismas y, en su caso, las aprueban.

 

 

DIVISIÓN DE PODERES

Constituye el requisito fundamental del Estado de Derecho. Consiste en la asignación de cada uno de los tres poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) a una institución pública distinta e independiente. El principio de la división de poderes establece que las instituciones sobre las que recaen los poderes del Estado deben circunscribir su actuación al ejercicio del poder que les ha sido asignado y sólo a él, y que, en todo momento y circunstancia, deben conservar su independencia respecto de los otros poderes e instituciones del Estado. En el sentido apuntado, la división de poderes fue teorizada por primera vez por el británico John Locke y por el francés Montesquieu, quien, es su obra El espíritu de las leyes (1748), sostiene que «cuando un hombre solo o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administra los tres poderes y tiene la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares», se pierde la libertad y se cae irremisiblemente en la tiranía o el despotismo.

 

 

PODER LEGISLATIVO

De entre los poderes del Estado, es el encargado de dictar las leyes, es decir, de elaborar el sistema de normas que todos debemos respetar. Este poder se deposita en las Cámaras Legislativas (Congreso y Senado) compuestas por diputados y senadores elegidos por los ciudadanos. Sin embargo, esto no les autoriza a legislar de manera caprichosa. En primer lugar, tienen que dictar normas con forma de ley, es decir, normas que, una vez aprobadas, obliguen a todos por igual, incluyendo por supuesto a los propios legisladores que las han aprobado. En segundo lugar, están obligados a que todas las leyes sean compatibles entre sí (es decir, que no manden unas lo contrario que otras) y, en tercer lugar, no pueden dictar normas que resulten incompatibles con los principios jurídicos básicos que se establecen en la Constitución (donde quedan recogidos ante todo los deberes y derechos básicos e inviolables de todos los ciudadanos y las ciudadanas).

 

 

PODER EJECUTIVO

Ejercido por el Gobierno (al que también se llama «el Ejecutivo»), es, de entre los poderes del Estado, el encargado de gobernar conforme al mandato de los ciudadanos, pero siempre dentro de los límites que marca el Derecho. Así, antes incluso que la obligación de respetar el mandato popular, el Ejecutivo tiene la obligación de respetar las leyes dictadas por el poder legislativo y, por supuesto, la obligación de respetar la Constitución (que es la norma básica con la que ninguna norma particular tiene «derecho» a resultar incompatible). Para ello, es muy importante que quien decida cuándo se están respetando las leyes y cuándo no, sea alguna instancia distinta del propio Gobierno (pues es fácil comprender que si esa decisión le correspondiese a él, siempre podría decir que está respetando las leyes aunque las estuviese violando).

 

 

PODER JUDICIAL

Compuesto por el cuerpo de jueces encargados de la administración de justicia, es, de entre los poderes del Estado, el encargado de garantizar que todos obedecen las leyes dictadas por el poder legislativo y, por lo tanto, el encargado de sancionar a quienes no lo hagan, tanto si se trata de ciudadanos particulares (incluyendo aquí a los propios jueces) como si se trata de miembros del Poder legislativo o del Poder ejecutivo. Al poder judicial se accede a través de una carrera profesional y constituye un elemento fundamental de este poder que ningún juez pueda ser cesado por la voluntad caprichosa de nadie (ni siquiera si se tratase de la voluntad popular). Es fácil comprender que si los jueces pudiesen sin más ser cesados por aquéllos a quienes tienen que juzgar, entonces la administración de justicia carecería por completo de poder.

 

 

DICTADURA

Suele emplearse para designar al sistema de gobierno contrapuesto a la democracia. Aunque sería más exacto definirlo en contraposición a la idea de Estado de Derecho, es decir, por la ausencia de división de poderes. También se define por la ausencia de libertad de expresión y de asociación, y por la persecución de la disidencia política.

 

 

DICTADURA

“Fórmula política que tiene sus orígenes históricos en la práctica del Senado romano, que, en caso de guerra o estados de emergencia, dotaba a un hombre de poderes absolutos durante un tiempo determinado sin que por ello  quedase derogado el ordenamiento político existente. Aunque algunas constituciones, como la alemana de Weimar, prevén situaciones excepcionales que la justifican, actualmente suele emplearse para designar al sistema de gobierno contrapuesto a la democracia. Se define, en esencia, por la ausencia de división de poderes, la propensión a ejercitar arbitrariamente el mando en beneficio de la minoría que la apoya y la inexistencia de prestación alguna de consentimiento por parte de los gobernados. Frente a otros conceptos más neutros y genéricos como el de autoritarismo, la idea de dictadura resalta la característica personal y la ambición de quien detenta el poder. Se suele enaltecer a ésta sobre el grupo presentándole como alguien sacrificado sin contrapartidas, capaz de entregar su propia vida por su pueblo, y a menudo se le rodea de cierta sobrenaturalidad. De este modo es frecuente que se apele a una situación extraordinaria para legitimar la duración, normalmente vitalicia, de la dictadura. No obstante, sobre todo en los casos en que ésta tiene carácter militar, religioso o ideológico, suele pretenderse la sucesión en otro tirano.

Las dictaduras pueden llegar a contar con un apoyo mayoritario pero, en todo caso, se caracterizan por negar la posibilidad de que, por un procedimiento institucionalizado, la oposición pueda llegar al poder. Si el grado de represión de la misma persigue su aniquilación, y existe una doctrina que la respalda, la dictadura se denomina totalitaria” (Ignacio Molina, Conceptos elementales de Ciencia Política, en colaboración con Santiago Delgado, Alianza Editorial, Madrid, 1998).

 

 

 

ESTADO DE DERECHO

Una sociedad está en «estado de derecho» si tiene división de poderes. Ello hace que se pueda hablar en esa sociedad de un imperio de la ley.

 

 

IMPERIO DE LA LEY

Mediante esta expresión de origen anglosajón –The Rule of Law– se describe una de las características fundamentales del Estado de Derecho: el sometimiento a la ley de la actuación de todos los poderes del Estado. En el Estado de Derecho, la Ley regula la actividad de los ciudadanos y de todas las instituciones del Estado. Ninguna persona, organismo o institución tiene legitimidad para dictar normas de actuación por encima de la ley del Estado (lo que constituiría una usurpación del «lugar de la ley»). A este rasgo distintivo del Estado de Derecho es al que aluden las expresiones «supremacía de la ley» e «imperio de la ley».

 

 

DEMOCRACIA

El nombre «democracia» procede del término griego demokratia, que significa «gobierno del pueblo» (de demos, «pueblo» o conjunto de todos los ciudadanos, y kratos, poder o gobierno). La democracia es la forma de gobierno que caracteriza a un Estado en el que los ciudadanos, a través de sistemas de representación política más o menos directa, elaboran y establecen las leyes a las que debe sujetarse su propia actuación. En las sociedades democráticas, el poder y la soberanía corresponden al conjunto de los ciudadanos, quienes los ejercen, con arreglo a la ley y por medio de sus representantes, desde las distintas instituciones políticas (ciudadanas) del Estado. Teóricamente, la instauración de la democracia responde a la pretensión de que sean los propios ciudadanos quienes decidan sobre todos los aspectos que afecten, de uno u otro modo, a su vida ciudadana, a su existencia dentro de la comunidad política.

 

 

TOTALITARISMO

Se considera totalitario el régimen político en el que un partido único, habitualmente dirigido por un líder carismático, ejerce un control casi completo sobre la vida pública y privada de los ciudadanos. Mediante el control de los medios de información y de comunicación, los regímenes totalitarios ejercen una gran influencia sobre la opinión de pública, generando la formación de un «pensamiento único», legitimador de las actuaciones del gobierno. La disidencia política es perseguida y reprimida por los cuerpos policiales o por el ejercito, férreamente controlados por el gobierno.

El término «totalitarismo» empezó a ser utilizado en los años veinte del siglo pasado por los fascistas italianos liderados por Mossilini, pero se ha hecho extensivo a otros regímenes políticos desarrollados por diversos estados a lo largo del xx, como el nazismo en Alemania, el estalinismo en la URSS o el maoísmo en China o el fascismo franquista en España. Todos ellos se caracterizan por la destrucción o por el sometimiento de todas las instituciones ciudadanas, que pierden completamente su independencia y se convierten en meros vehículos del poder ejercido por el gobierno. Se recortan al máximo las libertades civiles y se fomenta un sentimiento nacionalista y patriótico que da cohesión al conjunto de la población. La ciudadanía se transforma en «masa» y es instruida en una disciplina ritual y simbólica que es instada a practicar regularmente.

            Otra de las características esenciales del totalitarismo es la eliminación del pluralismo político y la monopolización del discurso político por parte del partido en el gobierno. La dirección del partido ejerce una estrecha vigilancia sobre todos sus cuadros y una férrea dirección de todas sus actuaciones. Cualquier desviación de la disciplina del partido es corregida y castigada. Los comisarios políticos del partido se encargan de depurar toda discrepancia ideológica surgida entre sus cuadros y, a menudo, recurren al terror para garantizar la adhesión incondicional a los principios del régimen.

Según el especialista Linz, el totalitarismo se distingue de los regímenes autoritarios o dictatoriales por su “aspiración a controlar la totalidad de los aspectos de la vida nacional y a movilizar constantemente a grandes masas de seguidores. La continuada presencia del Estado en todos los ámbitos, incluida la economía, se revela especialmente en los mecanismos de socialización política, como son la educación, la cultura y los medios de comunicación de masas, que están monopolizados por el gobierno. De esta forma, frente a los objetivos más modestos de las dictaduras, que son concebidas a menudo como transitorias y excepcionales, el totalitarismo pretende la politización de la cotidianidad y la abolición definitiva de la sociedad civil, lo que elimina todo atisbo de pluralismo político” (Linz, citado por Ignacio Molina, Conceptos elementales de Ciencia Política, en colaboración con Santiago Delgado, Alianza Editorial, Madrid, 1998).

 

 

FASCISMO

El origen del término está en la palabra latina fasces, haz de varas alrededor de un hacha, símbolo de autoridad en la antigua Roma. El fascismo es un movimiento político de tipo totalitario fundado en 1919 por Benito Mussolini, que gobernó Italia entre 1922 y 1945 (periodo durante el cual apoyó a Franco y a Hitler en sus respectivos contiendas bélicas). Tras su ascenso al poder, Mussolini proclamó un Estado popular dotado de un poder absoluto e ilimitado: «Todo es en el Estado y nada existe o tiene valor fuera del Estado. En lugar de derechos, hablar de deberes; en lugar de libertad, de servicio». El Duce representa la encarnación suprema del Estado y su poder dictatorial encuentra apoyo en una poderosa oligarquía terrateniente y empresarial. Antiliberal, antisocialista y anticomunista, el fascismo de Mussolini proponía la movilización de la juventud, la virilidad, la violencia y el culto al líder carismático.

Por extensión, se denominan fascistas a todos los regímenes de similares características al implantado por Mussolini. El fascismo tiene los rasgos del totalitarismo: cancelación del parlamentarismo y la democracia, supresión de todas las instituciones ciudadanas verdaderamente independientes, implantación de un régimen de partido único y eliminación del pluralismo político, recorte de las libertades y los derechos civiles, monopolio de los medios de comunicación por parte del Estado, «masificación» de la sociedad, persecución y represión de la disidencia política, exaltación de la patria y de la «raza» y fomento ilimitado del nacionalismo, etcétera.

 

«Antiindividualista, la concepción fascista está a favor del Estado. […] Para el fascista, todo gira dentro del Estado y nada humano o espiritual existe fuera del Estado. En este sentido, es totalitario. Y el Estado fascista, síntesis y unidad de todos los valores, desarrolla y potencia la totalidad de la vida del pueblo. Ni individuos fuera del Estado, ni grupos, partidos políticos, asociaciones, sindicatos, clases.» (B. Mussolini, La doctrina del fascismo, 1935).

 

 

CONSTITUCIÓN

La Constitución es el conjunto de normas y reglas básicas por las que se rige un Estado. Es la Ley fundamental que regula la organización del Estado y el funcionamiento de sus instituciones, la fuente primaria del ordenamiento jurídico y el documento en el que se definen los derechos y las libertades fundamentales de los ciudadanos.

            La constitución es de obligado cumplimiento para el conjunto de la ciudadanía y para todos los poderes e instituciones del Estado, pudiéndose apelar al Tribunal Constitucional en caso de incumplimiento de la «letra» o del «espíritu» de la misma por cualquiera de las partes. La constitución es la ley general con cuyo espíritu todas las leyes promulgadas (por las instituciones del Estado facultadas para hacerlo) tienen necesariamente que ser compatibles. La inconstitucionalidad probada de una ley debe ser motivo suficiente para su derogación o modificación por parte de las instituciones públicas. La constitución, para ser legítima, debe definir y sancionar un procedimiento de modificación legal de sí misma.

 

 

ILUSTRACIÓN

Mediante el término «Ilustración», y sus equivalentes en otras lenguas (Lumières, Aufklärung, Enlightenment, Illuminismo, Verlichting, Prosvechtche-nie), se identifica al movimiento intelectual iniciado en Inglaterra en el siglo xvii (Locke) y desarrollado más ampliamente durante el siglo xviii en Francia (Voltaire, Montesquieu, Diderot, Rousseau, Condorcet), en Alemania (Mendelssohn,. Lessing, Kant) y en otros países europeos, como Italia y España.

El periodo histórico culturalmente marcado por la Ilustración ha sido denominado «Siglo de las Luces» o «Edad de la Razón», expresiones mediante las cuales se pretende destacar uno de los rasgos más característicos de dicho movimiento intelectual: su llamada a la autoemancipación de toda guía espiritual, moral y política distinta de la razón, su reivindicación de la autonomía y la libertad tanto en el plano del pensamiento como en el de la acción. De acuerdo con esta común aspiración, los partidarios de la Ilustración se esforzaron en fomentar la crítica racional de los prejuicios, de la tradición y de las costumbres. Combatieron, así, el oscurantismo, el dogmatismo, la superstición, el fanatismo y la intolerancia, y defendieron el saber y la ciencia como condición de posibilidad de la libertad.

La celebérrima definición kantiana de la Ilustración (Aufkärung), no hace sino incidir este rasgo distintivo de la Ilustración al que acabamos de referirnos. Según Kant, “la Ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de Edad. La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propia razón sin la guía de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no reside en la carencia de razón, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!, he aquí el lema de la Ilustración” (I. Kant, ¿Qué es Ilustración?, Tecnos, Madrid, p. 17). La Ilustración clama: “¡Amigos del género humano y de lo que es más sagrado en este género! Ya se trate de hechos, ya se trate de fundamentos racionales: admitid lo que os parezca más auténtico después de un examen cuidadoso y sincero. Pero no neguéis a la razón lo que hace de ella el bien supremo sobre la Tierra, a saber, el privilegio de ser la última piedra de toque de la verdad” (I. Kant, ¿Cómo orientarse en el pensamiento?, Leviatán, Buenos Aires, 1982, p. 65). Reconocer a la razón su derecho a constituirse en juez autónomo y último de la verdad, en esto consiste la Ilustración. En este sentido, no cabe duda que la Ilustración supuso una profunda revolución del espíritu humano: “La más importante revolución en la interioridad del hombre se produce cuando éste abandona la minoría de edad de la que él mismo es responsable. Ya no son los otros quienes piensan por él y a quienes él imita, ya no se deja levar por andaderas, ahora se atreve a avanzar por sí mismo por el suelo de la experiencia” (I. Kant, citado por Carlos Correas, “Prólogo” a I. Kant, ¿Cómo orientarse en el pensamiento?, Leviatán, Buenos Aires, 1982, p. 15). Ahora, dice Kant, el hombre es libre, puesto que puede “juzgar con autonomía”, “conforme a los principios del pensar en general” (I. Kant, La contienda entre las facultades de filosofía y teología, Trotta, Madrid, 1999, p. 10), sin verse determinado por nada ajeno, que se le imponga desde fuera, sin someterse a otra ley que la que su propia razón le dicte (“Dado que la razón es libre conforme a su naturaleza, no admite la imposición de tomar algo por verdadero, no admite credo alguno” (I. Kant, La contienda entre las facultades de filosofía y teología, Trotta, Madrid, 1999, p. 4). La libertad en el pensar, pilar de la Ilustración, “significa el sometimiento de la razón a ninguna otra ley sino a las que ella se da a sí misma; y lo contrario de esto la máxima de un uso sin ley de la razón”, ya que “si la razón no quiere estar sometida a la ley que ella se da a sí misma, entonces ha de doblegarse bajo el yugo de las leyes que le da algún otro; pues sin ley alguna nada, ni siquiera el mayor absurdo, puede mantenerse” (I. Kant, ¿Cómo orientarse en el pensamiento?, Leviatán, Buenos Aires, 1982, pp. 61-62).

Ahora bien, para que la Ilustración sea posible es preciso que se den las condiciones para un ejercicio libre de la razón, es decir, es preciso, ante todo, que haya libertad de pensamiento y libertad de expresión.

En el plano político, la intención última de la Ilustración es la constitución política de la sociedad, esto es, la constitución de la sociedad desde un espacio libre del condicionamiento de la tradición, de las costumbres y de las creencias religiosas, de los privilegios de la sangre y de toda otra autoridad no reconocida por la asamblea de todos los ciudadanos. El proyecto político de la Ilustración es la construcción racional de la pólis mediante la discusión y la argumentación pública. En este sentido, se puede decir que la Ilustración no hacía sino tomar el relevo de las antiguas aspiraciones políticas de Sócrates o Platón.

 

 

ESTALINISMO

Forma totalitaria y nacionalista que adoptó, bajo el liderazgo de Stalin (1879-1953), el socialismo soviético. Se caracterizó, entre otras cosas, por la promoción de un «culto a la personalidad» del Jefe del Estado, por una vigilancia ideológica exhaustiva y por la persecución y represión de toda «desviación» política; por la concentración de todo el poder en manos del Kremlin y por el ejercicio, por parte de éste, de una dictadura política exenta de todo control democrático; por la degeneración burocrática de todo el aparato del estado; y por un intento del partido bolchevique de controlar y dirigir, más allá de las fronteras de la URSS, todo el movimiento comunista internacional. En su enfrentamiento con el bloque de países occidentales liderados por EEUU, el estalinismo invirtió un porcentaje elevadísimo de la riqueza nacional en la fabricación de un arsenal armamentístico capaz de competir con el estadounidense en una hipotética nueva guerra mundial.

 

 

CAPITALISMO

Sistema económico orientado ante todo a la producción de beneficios empresariales privados. La característica fundamental de una sociedad capitalista es que los medios de producción (la tierra, las empresas, la industria, las minas, etc.) son propiedad privada. Como contrapartida, la mayor parte de la población carece de medios para producir por sí misma, por lo que no tiene más remedio que buscar trabajo en el mercado laboral. De este modo, la sociedad se divide en dos clases sociales: los capitalistas (propietarios del los medios de producción) y los asalariados que buscan su subsistencia en el mercado de trabajo.

 

 

MODO DE PRODUCCIÓN

Sistema de relaciones sociales que configura los mecanismos mediante los cuales se determina lo que se produce en cada época, cómo se produce y cómo se intercambia y distribuye lo producido entre distintas clase, grupos o individuos. Así, podemos hablar de «modo de producción esclavista» cuando el sistema de producción y distribución viene determinado por esa relación de propiedad sobre las personas a la que llamamos esclavitud; hablamos de «modo de producción feudal» cuando el sistema se articula ante todo en torno a las relaciones de subordinación señor-siervo (características del feudalismo); o de «modo de producción capitalista» cuando el centro de las relaciones sociales hemos de buscarlo en la escisión (y confrontación) entre capital y trabajo.

 

 

LIBERALISMO ECONÓMICO

Doctrina económica marcadamente individualista y con base en la ideología liberal que propugna limitar al máximo la intervención del Estado en la actividad económica de los ciudadanos y que se incrementen y se garanticen, por el contrario, las libertades civiles individuales. Así mismo, el liberalismo económico considera que la propiedad privada (de cualquier tipo) es la principal garantía de la independencia individual y, por tanto, debe ser estrictamente respetada y defendida por el Estado. Éste debe respetar y alentar la iniciativa privada y la libertad de contrato, así como reducir los impuestos y la regulación jurídico-política de la actividad económica al mínimo imprescindible en todos los ámbitos (laboral, financiero, industrial, etcétera).

La promoción de estos principios por parte del liberalismo económico se basa en la creencia, popularizada por el economista británico Adam Smith, de que existe un «orden natural» que regula espontáneamente los intercambios entre los individuos y que hace redundar en beneficio de la comunidad la persecución individual de los intereses particulares. Todo ocurre, según Adam Smith, «como si una mano invisible se encargara de coordinar el interés particular de cada individuo con los intereses generales de la comunidad». Pero para que este efecto globalmente beneficioso se produzca es preciso «dejar hacer» (laisser-faire) a las propias leyes del mercado, sin poner trabas ni cortapisas a su libre actuación. Así, pues, el Estado debe limitar su intervención en la vida económica a la protección de la propiedad privada de los agentes económicos, a la defensa de la libre competencia y al cuidado de las leyes «naturales» del mercado. Para posibilitar el crecimiento económico y el beneficio social o colectivo que de él deriva, el liberalismo propugna la libre circulación de mercancías y capitales entre los distintos países y, consecuentemente, la supresión de toda suerte de medidas «proteccionistas» o limitadoras de la libertad individual por parte de los Estados (defensa del «librecambismo» frente al «proteccionismo»).

El origen del liberalismo económico se remonta a la escuela de economía política clásica, representada por Thomas R. Malthus (1766-1834), David Ricardo (1772-1823) y Jean B. Say (1768-1832), quienes siguen, en lo esencial, los planteamientos filosóficos de Adam Smith (1723-1790).

En su versión más reciente, el liberalismo económico ha recibido el nombre de neoliberalismo. Aunque sus principios teóricos no difieren apenas de los clásicos, su aplicación ha sido cada vez más dogmática y radical.

Nos son pocos los autores que, desde el principio y hasta nuestros días, han alertado de que el liberalismo es, ante todo, una falacia. Los mercados capitalistas están dominados por manos muy visibles y grandes, como son los monopolios y oligopolios, los organismos económicos internacionales, los bancos y ciertos estados depredadores que vulneran constantemente el supuesto «orden natural» del mercado y hacen trabajar a éste en su propio beneficio. La experiencia demuestra más bien que no hay armonía preestablecida alguna en el mercado internacional ni cabe esperar de la desregulación jurídica del mismo ningún efecto globalmente beneficioso.

 

 

NEOLIBERALISMO

Esta doctrina agrupa un conjunto de ideologías y teorías económicas que defienden, según sus seguidores, los intereses particulares de cada individuo y, según sus críticos, los intereses de los grandes grupos económicos. Algunos autores identifican el neoliberalismo con la doctrina promulgada por la Escuela Austriaca (Ludwig von Mises y Friedrich Hayek) o la de Chicago (Milton Friedman), pero no podemos hablar de una teoría política o económica única puesto que con este término se engloban diversas escuelas y teorías (muchas veces opuestas entre sí). Por todo ello, es mejor referirnos a políticas neoliberales en lugar de al «neoliberalismo» como una doctrina única. En gran medida, estas políticas nacieron como reacción al intervencionismo económico practicado por muchos Estados europeos después de la Segunda Guerra Mundial. Entre las medidas económicas que los partidos políticos de ideología neoliberal acostumbran a incluir –de modo más o menos explícito– en sus programas, se encuentran: la supresión de trabas a la circulación de capitales, la bajada de impuestos, la privatización de las empresas y los servicios del Estado (incluidos la sanidad, la enseñanza, el transporte público o el sistema penitenciario), el recorte de los gastos presupuestarios, la flexibilización y liberalización del mercado laboral, y la creciente reducción de los costes de producción. A medio plazo, la aplicación de las políticas neoliberales ha dado como resultado una disminución de las prestaciones sociales y el deterioro del llamado «Estado del Bienestar» (del que disfrutaban hasta hace algo más de dos décadas la mayoría de los países europeos).

 

 

AJUSTE ESTRUCTURAL

Se denomina así el conjunto de políticas económicas que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) ponen como condición para conceder ayudas a los países endeudados o con graves problemas económicos. La receta económica suele consistir en un paquete de medidas neoliberales: liberalización de los precios, austeridad fiscal, devaluación de la moneda, liberalización del comercio y del sistema bancario, privatización de empresas y sociedades del Estado, reducción del empleo y congelación de la entrada en la función pública.

 

 

ESTADO DEL BIENESTAR

Conocido también como Estado Social, es el modo de organización que, sin desactivar la lógica de producción capitalista, trata de contrarrestar algunos de los efectos sociales más dramáticos que se producirían en ausencia de intervención política. Así, el Estado del bienestar se caracteriza por intentar garantizar a todo el mundo servicios de salud, educación, pensiones de jubilación o protección por desempleo, servicios de los que quedaría excluida mucha gente si fueran regulados por el mercado.

 

 

MERCADO

Mercado es el lugar de intercambio de productos, bienes y servicios. Es importante señalar que, en la sociedad capitalista, la mayor parte de la población está abocada a ganarse la vida a través del mercado laboral. De este modo, con el capitalismo, el mercado se ha convertido en la piel por la que respira la vida entera de la sociedad.

 

 

PIB (Producto Interior Bruto)

Es el valor monetario total de la producción corriente de bienes y servicios de un país durante un periodo (normalmente un año). El PIB contabiliza sólo los bienes y servicios producidos durante esa etapa. El PIB no contabiliza los bienes o servicios que no son del comercio regular sino fruto del trabajo informal (trabajo doméstico, intercambios de servicios entre conocidos, etc.). Se trata de la macromagnitud económica más importante para la estimación de la capacidad productiva de una economía.

 

 

DESLOCALIZACIÓN (de las empresas)

Es el proceso por el cual las empresas pueden desplazarse a países donde los costos de producción, fundamentalmente en mano de obra, son más bajos para, de ese modo, poder aumentar su competitividad en el mercado y su margen de beneficios. En muchas ocasiones, basta la amenaza de deslocalización (es decir, basta con que la empresa amenace con irse a lugares con mano de obra más barata) para obligar a cualquier país, si quiere impedir la fuga de empresas y el consiguiente desempleo, a igualar la oferta que realice el país menos exigente en lo relativo a condiciones laborales, presión fiscal, etcétera.

 

 

MEDIOS DE PRODUCCIÓN

Forman parte de los medios de producción las materias primas, los utensilios, herramientas y máquinas que intervienen en el trabajo. Los medios de producción constituyen, pues, el conjunto de todo lo que hay poner en movimiento para producir lo necesario para sobrevivir.

 

 

CLASE SOCIAL

Según la célebre definición de Lenin, las clases sociales son «grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción históricamente determinado por las relaciones en que se encuentran frente a los medios de producción (relaciones que las leyes fijan y consagran), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, por consiguiente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen. Las clases sociales son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse del trabajo del otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social» (V. I. Lenin, «Una gran iniciativa»).

 

 

FUERZA DE TRABAJO: Es la energía humana consumida en proceso de trabajo. En las sociedades capitalistas, la fuerza de trabajo aparece como una mercancía susceptible de ser comprada y vendida en el mercado, como el resto de las mercancías. La explotación de la fuerza de trabajo por parte de la clase empresarial o capitalista,  propietaria de los bienes de producción, constituye el origen de la plusvalía.

 

 

BURGUESÍA

La burguesía es la clase social integrada por los propietarios de los medios de producción (fábricas, máquinas, energía, materias primas, tierra, etc.) y por los propietarios del capital industrial y financiero. En el modo de producción capitalista, la burguesía es la clase social política y económicamente dominante. La burguesía no es uniforme ni homogénea, sino que incluye subclases. Así, por ejemplo, se habla tradicionalmente de alta burguesía, burguesía media y pequeña burguesía. La primera es, propiamente, la que ejerce el papel hegemónico y dominante, y se haya integrada por la burguesía industrial monopolista, la burguesía financiera, los grandes propietarios agrarios y los grandes comerciantes (propietarios de los mayores centros comerciales).

 

 

PROLETARIADO

Es el conjunto de la población que carece de medios de producción y que, por lo tanto, se ve obligada a poner en el mercado laboral sus esperanzas de supervivencia.

 

 

CAPITAL: Se llama capital a los diferentes elementos del proceso de trabajo que intervienen en la producción de (la) plusvalía. Es importante señalar que las cosas no llegan a ser capital por sus propiedades naturales, sino por unas relaciones de producción muy específicas, como son las que establecen entre el propietario de los medios de producción y el trabajador obligado a vender su fuerza de trabajo   para procurarse la supervivencia. Es pues la explotación capitalista de la fuerza de trabajo lo que transforma las cosas en capital.

 

 

PLUSVALÍA

Es el excedente de valor que el trabajador crea más allá del valor de su fuerza de trabajo. Simplificando y esquematizando mucho las cosas, el proceso de formación de la plusvalía es el siguiente: el trabajador productivo, desposeído de los medios de producción se ve obligado a vender su “fuerza de trabajo” al propietario de los mismos. El precio que éste paga por ella al trabajador es el “salario”. El salario sirve para mantener y reproducir la fuerza de trabajo del trabajador. Pero el trabajo de éste produce más valor del que le es pagado en forma de salario. Y este valor nuevo se lo apropia el propietario de los medios de producción (comprador de la fuerza de trabajo).

El trabajo productivo se puede dividir, así, en dos partes: el “trabajo necesario”, que es el tiempo de trabajo que paga el salario que el obrero recibe, y el “trabajo excedente”, que es el tiempo en que el obrero produce el excedente de valor (plusvalor) que se apropia el capitalista.

Para que esta apropiación del plusvalor por parte del capitalista, sea posible es preciso que el capitalista reúna en sus manos todos los medios de producción (maquinas, fábricas, materias primas, tierras, etc.) y que el trabajador se halle totalmente desposeído de dicho medios y, consecuentemente, se vea obligado a trabajar para el anterior (a asalariarse) si aspira a simple supervivencia. Es necesario, además, que el capitalista ejerza un control sobre la productividad y tiempo de trabajo desarrollado por el trabajador de modo que el “trabajo necesario” de éste se reduzca a un mínimo y el “trabajo excedente” se amplíe lo más posible.

 

 

SOBREPRODUCCIÓN / CRISIS DE SOBREPRODUCCIÓN

Término acuñado por el economista David Ricardo para describir aquella situación en la que la demanda de uno o varios productos crece a un ritmo inferior que la capacidad de producción de los mismos. Se dice que hay sobreproducción cuando se sacan al mercado más productos de los que pueden venderse a los precios que están dispuestos a aceptar los vendedores.

 

 

SOCIALISMO

Movimiento político que preconiza el gobierno de la economía por parte del Estado y las instituciones públicas. El socialismo se opone a la propiedad privada de los medios de producción e insta a su colectivización o socialización, así como al control y a la planificación de la producción por parte de la ciudadanía y del Estado. El socialismo pretende evitar que la economía se halle enteramente determinada por la «libre iniciativa privada» y por las leyes y los movimientos del mercado. En este sentido, el socialismo es, además de un proyecto político, una alternativa a la «economía privada» o a la «economía de mercado».

 

 

ANARQUISMO (BAKUNINISMO)

Es la ideología que basa sus principios en la sustitución de la autoridad y jerarquía del Estado por la solidaridad y apoyo mutuo de los individuos y grupos sociales. Estas propuestas ideológicas han existido desde la Antigüedad, pero fue en el periodo contemporáneo cuando fraguaron como teoría política y revolucionaria. Entre sus principales tendencias destacan el anarquismo individualista, propuesto por Proudhon y Stirner en defensa del individuo frente a los abusos del Estado, y el anarquismo colectivo o bakuninista, fundado por el pensador ruso M. Bakunin y enriquecido por Kropotkin. El anarquismo aspira al establecimiento de una sociedad sin Estado, sin propiedad privada y sin clases sociales. Además de la actividad sindical, ha habido otras formas de lucha social, como las basadas en la acción directa o el pacifismo. En España ha tenido una enorme importancia (sobre todo durante la II República y la Guerra Civil) el llamado anarcosindicalismo.

 

 

COMUNISMO

Es el movimiento político que persigue la desactivación de la lógica capitalista de producción e intercambio. Lo que se pretende con ello es la subordinación de la economía a decisiones y directrices de carácter político.

 

 

IDEOLOGÍA

La ideología es el conjunto más o menos coherente de representaciones (imágenes, mitos, ideas, nociones) a través de las cuales los hombres viven su relación con sus condiciones materiales de existencia. La ideología es una representación deformante o mistificadora de la realidad; una representación, indeliberada e irreflexiva, que no representa la realidad tal como es, sino tal y como es vivida por los miembros de una sociedad. La ideología determina la experiencia espontánea (precientífica) del mundo en general y de las condiciones materiales de existencia en particular.

Por otra parte, la ideología se halla estrechamente vinculada a la dominación y al poder. Desempeña una función política y social. Encarna el punto de vista de la clase o de los grupos dominantes y sirve a éstos para justificar o legitimar el orden de cosas del que ellos mismos obtienen su ventaja. La ideología se caracteriza, en efecto, por la tendencia a universalizar o «naturalizar» la visión de la realidad que posee la clase que se beneficia del orden social establecido, y, de este modo, la ideología coadyuva a la reproducción de las condiciones materiales de existencia y contribuye al mantenimiento de las estructuras socioeconómicas de la sociedad. La ideología genera en los dominados la ilusión de que los intereses de la clase dominante son los intereses de todos, de que son intereses universales u objetivos.

 

 

PARTIDO POLÍTICO

Organizaciones civiles que surgen cuando se reconoce al pueblo el derecho a participar  en el gobierno del Estado y en el ejercicio del poder político con el objetivo de ejercer dicho derecho (esto es, con el objetivo de participar en el gobierno). Los partidos políticos son «cuerpos intermediarios autónomos, no impuestos por el Estado, sino creados espontáneamente por sus miembros», a través de los cuales, se eligen, en los sistemas democráticos, los representantes de la ciudadanía que, reunidos en Asamblea, elaboran, proponen, discuten o modifican las leyes (Eduardo Haro Tecglen, Diccionario político, Barcelona, Planeta, 1976).

 

 

CAPITAL FINANCIERO

Con el desarrollo del capitalismo, cobra una importancia creciente el papel de los bancos en la vida económica en general. Una parte cada vez mayor de los capitales de los que se nutren las empresas industriales no proviene de éstas mismas, sino de los créditos bancarios. Los bancos, gracias al aumento del dinero en depósito, invierten en el sector productivo e industrial, financian a las grandes empresas. A esta transformación, siempre ventajosa para los bancos, del capital bancario en capital industrial (productivo) es a lo que se denomina capital financiero. El capital financiero es, por tanto, un capital del que disponen los bancos y que utilizan los industriales. Puede existir en determinadas formas: dinero, acciones, bonos, divisas, préstamos, etc. La última fase de desarrollo capitalista se caracteriza por un aumento cada mayor de este tipo de capital y por un protagonismo cada vez más acentuado de los bancos en la economía mundial. Hay que añadir, no obstante, que gran parte de este capital prestado por los bancos al sector industrial es puramente especulativo. Se prestan cantidades que otros deben, intereses que aún no se han cobrado, etc. Las empresas hacen uso de un capital que les es prestado a cuenta de sus futuros beneficios, pero que no tiene una existencia material actual (no es «dinero contante y sonante», como suele decirse). La masa de capital financiero especulativo presente en el mercado es cada vez mayor y en las últimas décadas ha superado con mucho la masa de capital productivo. En los años noventa, el comercio internacional era del orden de 2 billones de dólares anuales. Y sin embargo, los movimientos de capitales internacionales se estimaban en 50 billones de dólares: 25 veces más. En 1970, la relación entre capital productivo y especulación de capital era de 9 a 1; hoy la relación se ha invertido por completo. La hegemonía del capital financiero, en su mayor parte especulativo, sobre el capital productivo es una característica esencial de la globalización de la economía capitalista.

 

 

ESPECULACIÓN

Operación financiera o comercial con el único fin de obtener un beneficio sacando partido de la fluctuación de los precios de las mercancías. Se opone a la «producción», que implica la generación de bienes y servicios.

 

 

ACCIONES

Se denomina acciones a los documentos que acreditan la propiedad de una porción del capital de una sociedad o empresa por parte de una persona o institución. La posesión de acciones da derecho a un porcentaje determinado de los beneficios de la sociedad o empresa emisora de las acciones.

 

 

IMPERIALISMO

El imperialismo (económico-financiero-político-militar) es una de las fases de desarrollo del capitalismo. Su origen se remonta a las dos últimas décadas del siglo xix, y se distingue, principalmente, por las siguientes cinco características: (i) el avance imparable de la concentración empresarial, con la formación de oligopolios y monopolios de tamaño e influencia crecientes, y la consiguiente reducción de la competencia en los mercados; (ii) el papel cada vez más destacado del capital financiero: la propiedad y los intereses de las entidades financieras se entrelazan íntimamente con los de los conglomerados empresariales; (iii) el crecimiento sostenido de los flujos internacionales de capital; (iv) el reparto de los mercados mundiales entre los grandes conglomerados económico-financieros, con el apoyo y la asistencia de las grandes instituciones económicas internacionales, y (v) el apoyo indisimulado de los gobiernos de las principales potencias capitalistas a sus grandes grupos empresariales, llegando frecuentemente al empleo de la fuerza militar y a la ocupación de territorios de ultramar.

 

 

PROTECCIONISMO

El proteccionismo es el desarrollo de una política económica encaminada a proteger los productos del propio país de la libre competencia de productos extranjeros. El objetivo de las medidas proteccionistas es reducir las importaciones e incrementar las exportaciones. Y para conseguirlo se emplean diversos tipos de barreras comerciales, entre las que destacan: los aranceles (impuestos sobre los productos importados, que ven elevado su precio), los contingentes (límites de la cantidad de un producto que puede importarse), las regulaciones artificialmente restrictivas (dificultando la entrada de productos foráneos con normas sanitarias, de calidad, etc.), los subsidios y beneficios fiscales para los productores nacionales (que hacen más competitivos a sus productos), las compras del sector público de productos nacionales (aunque los extranjeros sean mejores) y las manipulaciones del tipo de cambio de la moneda nacional. Los proteccionistas argumentan que estas medidas permiten salvaguardar y desarrollar las industrias nacionales, mejorar los términos de intercambio al hacer más competitivos los productos nacionales, generar más empleo y mejorar la autonomía del país frente al exterior. Lógicamente, cuando muchos países establecen políticas proteccionistas, el resultado global es una reducción significativa del comercio internacional. La visión opuesta del proteccionismo es el librecambismo, que justamente propugna la apertura de los mercados y la eliminación de todas las barreras al comercio. En la práctica, los países más industrializados defienden el cambio totalmente libre fuera de sus fronteras, pero practican formas más o menos explícitas de proteccionismo para defender los sectores menos potentes de sus economías (agricultura, textil, etc.). Los países más desarrollados protegen, por un lado, con impuestos a la importación y subvenciones su propia producción, pero, por medio de instituciones internacionales como la Organización Mundial de Comercio (OMC), impiden a los países menos desarrollados hacer lo mismo. El proteccionismo es, así, un privilegio de los ricos, duramente castigado cuando es practicado por los pobres.

 

ARANCELES

Derechos o impuestos que gravan los bienes importados. Pueden ser fijados ad valorem, como un porcentaje del valor de los bienes, o en función del peso o del volumen de los mismos. Los aranceles son derechos de aduana. Se utilizan para proteger a las industrias y empresas nacionales, de la competencia extranjera. Así, pues, son medidas proteccionistas, impuestas por los Estados, que vienen a limitar la libre circulación de mercancías o el libre comercio.

 

 

DESREGULACIÓN (de la actividad económica o del mercado)

Tendencia a la eliminación de las reglas jurídico-políticas que limitan la libertad de las transacciones económicas. Tiene por objetivo reducir al máximo la intervención del Estado en la actividad económica y mercantil. Después de la crisis de los años setenta, la mayoría de los estados promovieron una profunda desregularización que tuvo, como uno de sus efectos a medio plazo, un retroceso muy considerable del «Estado del Bienestar» en la mayoría de los Estados que lo disfrutaban. A partir de la década de los noventa del siglo xx, al hilo del proceso de globalización de la economía capitalista, tomaron un fuerte impulso las políticas desregularizadoras en todo el mundo, especialmente en lo que se refiere a la circulación de capitales.

 

 

AUTONOMÍA/ HETERONOMÍA

Del griego autós (sí mismo) y nomos (norma o ley). La autonomía consiste en la autodeterminación de la voluntad, en el sometimiento de la voluntad a ley que ella misma se da. Autonomía es, por tanto in-dependencia de toda constricción exterior. Actúo autónomamente cuando mi actuación obedece a la libre decisión de mi voluntad, y no a la voluntad de otro o a la eficacia de una ley o inclinación natural. Precisamente, soy autónomo en tanto que mi actuación no viene determinada por mi ser natural (físico, psíquico o biológico), ni por mi condición cultural; en tanto que soy capaz de actuar con independencia de lo que natural y culturalmente soy. En este sentido, la autonomía puede ser considerada el signo de la libertad, la libertad misma en sentido positivo. Immanuel Kant contrapone la «autonomía» a la «heteronomía», que consiste en la determinación de la voluntad por una ley exterior y ajena a la voluntad misma, por la ley que «otro» (hetero) me impone (ya sea este «otro» un tercero cualquiera, la sociedad, el Estado, mi propio psiquismo o la naturaleza).

 

 

LIBERTAD

En la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, escribe Kant: «Voluntad es una especie de causalidad de los seres vivos, en cuanto que son racionales y libertad sería la propiedad de esta causalidad, por la cual puede ser eficiente, independientemente de extrañas causas que la determinen; así como necesidad natural es la propiedad de la causalidad de todos los seres irracionales de ser determinados a la actividad por el influjo de causas extrañas.

            La citada definición de libertad es negativa y, por tanto, infructuosa para conocer su esencia. Pero de ella se deriva un concepto positivo de la misma que es más rico y fructífero. El concepto de una causalidad lleva consigo el concepto de leyes según las cuales, por medio de algo que llamamos causa, ha de ser puesto algo, a saber: la consecuencia. De donde resulta que la libertad, aunque no es una propiedad de la voluntad, según las leyes naturales, no por eso carece de ley, sino que ha de ser más bien una causalidad, según leyes inmutables, si bien de particular especie; de otro modo una voluntad libre sería un absurdo. La necesidad natural era una heteronomía de las causas eficientes; pues todo efecto no era posible sino la ley de que alguna otra cosa determine a la causalidad la causa eficiente. ¿Qué puede ser, pues, la libertad de la voluntad sino autonomía, esto es, propiedad de la voluntad de ser una ley para sí misma? Pero la proposición «la voluntad es, en todas las acciones, una ley de sí misma» caracteriza tan sólo el principio de no obrar según ninguna otra máxima que la que pueda ser objeto de sí misma, como la ley universal. Ésta es justamente la fórmula del imperativo categórico y el principio de la moralidad; así, pues, voluntad libre y voluntad sometida a las leyes morales son una y la misma cosa.» (I. Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Espasa Calpe. Madrid, 1983, pp, 111-112)

 

 

ESTOICISMO

Corriente filosófica fundada en Atenas por Zenón de Citio (332 a.C.-262 a.C.). El nombre de la escuela procede del término griego stoa, que significa «pórtico». Al parecer, Zenón impartía sus enseñanzas bajo el «pórtico pintado» (stoa poikile) del ágora ateniense. Suelen distinguirse varios periodos en la historia de esta escuela: el primer estoicismo (Zenón, Cleantes y Crisipo), la estoa media (Panecio de Rodas y Posidonia de Apamea) y el estoicismo tardío (Séneca, Epicteto y Marco Aurelio).

En el terreno de la ética, los estoicos predican la obligación de «vivir de acuerdo con la naturaleza». Ésta se halla gobernada por una razón (lógos) providente y divina que dirige sabiamente el destino de las cosas y de los hombres. Por lo que vivir de acuerdo con ella significa actuar conforme al lógos. En esta conformidad de la acción con el lógos consiste la virtud (areté). «Plazca al hombre todo lo que place a Dios; sienta admiración de sí mismo y de sus cosas, por cuanto no puede ser vencido y puede tener los males bajo su pie y someter, con la razón, la más fuerte de todas las cosas, el azar, el dolor y la injuria. Ama la razón y este amor te armará contra los ataques más terribles» (Séneca, Carta LXXIV).

Frente al hedonismo en general y al hedonismo epicúreo en particular, el estoicismo sostiene que la finalidad última de toda actuación no debe ser el logro de la felicidad (eudaimonía), sino la práctica del bien. No debemos aspirar a ser felices, sino a ser buenos. La virtud no es un medio, sino un fin: debe ser perseguida por sí misma, no con vistas a obtener un bien ulterior.

 

 

EPICUREÍSMO, HEDONISMO

Epicuro nació en la isla de Samos en el año 341 a.C. Estableció su escuela en Atenas, en una tranquila villa retirada de la ciudad conocida por el nombre de «El Jardín». Allí, rodeado de familiares y amigos, impartió sus enseñanzas hasta el fin de sus días, que tendría lugar hacía el año 270 a.C.

Epicuro es el fundador de la corriente filosófica que lleva su nombre, la cual recoge algunas de las principales tesis del atomismo de Demócrito. Para Epicuro, las cosas están compuestas de átomos que caen en el vacío y que, como consecuencia de una leve «declinación» (clinamen o parénklesis), chocan unos con otros y se combinan formando los diversos cuerpos existentes. Todo movimiento observable en la naturaleza es resultado de azarosos choques entre los distintos átomos, tesis que supone la negación de la hipótesis de una ordenación lógica y predeterminada del mundo, como la defendida por los estoicos.

En relación con la moral, el epicureísmo constituye el paradigma de la llamada «ética hedonista». Epicuro enseña que la felicidad es el fin último de la vida y que ella misma consiste en el placer (hedoné). «El placer es principio y culminación de la vida feliz. Al placer, en efecto, reconocemos como el bien primero, a nosotros connatural, de él partimos para toda elección y rechazo y a él llegamos juzgando todo bien con la sensación como norma.» Pero no todos los placeres son igualmente deseables, ni deseables en todo momento y en cualesquiera circunstancias. Por eso, dice Epicuro, es preciso tener un «recto conocimiento de los deseos» y de sus objetos, los placeres, para saber a qué deseo conviene dar satisfacción en cada situación y para saber a qué tipo de placeres hay que dar prioridad frente al resto.

            Epicuro advierte contra sus críticos contemporáneos que cuando habla del placer como «bien supremo» y «fin último de la vida» no se refiere «a los placeres de los disolutos y de los que se dan en el goce» desordenado y sin medida, sino «a la ausencia de dolor físico (aponía) y a la ausencia de turbación en el alma (ataraxia)». Que el placer se convierta en un «bien», depende estrictamente de la sabia elección del que actúa, de la sabiduría y la «prudencia»” (phrónesis) con que se elija uno de entre todos los comportamientos posibles. Y la sabiduría «enseña que no es posible vivir feliz sin vivir sensata, honesta y justamente» (Epicuro, Carta a Meneceo). De algún modo, esta afirmación constituye un límite a un hedonismo irreflexivo y simplista. Según Epicuro, «es preferible ser infeliz viviendo racionalmente, que feliz de manera irracional».

            Las obras donde Épicuro vierte las principales conclusiones de su reflexión sobre la moral son la Carta a Meneceo y las Máximas capitales.

 

«Como el placer es el bien primero y connatural, precisamente por ello no elegimos todos los placeres, sino que hay ocasiones en que soslayamos muchos, cuando de ellos se sigue para nosotros una molestia mayor. También muchos dolores estimamos preferibles a los placeres cuando, tras largo tiempo de sufrirlos, nos acompaña mayor placer. Ciertamente todo placer es un bien por su conformidad con la naturaleza y, sin embargo, no todo placer es elegible; así como también todo dolor es un mal, pero no todo dolor siempre ha de evitarse. Conviene juzgar todas estas cosas con el cálculo y la consideración de lo útil y de lo inconveniente, porque en algunas circunstancias nos servimos del bien como de un mal y, viceversa, del mal como de un bien.» (Epicuro, Carta a Meneceo).

 

 

ÉTICA ARISTOTÉLICA / EUDEMONISMO

Aristóteles nació en Estagira de Tracia, en Macedonia, en el año 384 a.C. A la edad de 17 años, ingresó como alumno en la Academia fundada por Platón en Atenas, donde permaneció hasta la muerte de éste (en el 347 a.C.). En el 342 a.C., es llamado por Filipo de Macedonia para encargarse de la educación de su hijo Alejandro, que entonces tenía trece años. Cuando Alejandro hereda el trono de Filipo, Aristóteles marcha a Atenas, donde funda una nueva escuela, el Liceo, también conocida con el nombre de Peripato, porque, en ocasiones, las clases se impartían paseando por una galería cubierta. Al morir Alejandro Magno, en el 323 a.C., Aristóteles es acusado por los atenienses de impiedad y de colaborar con Macedonia. Huye a Calcis, en la isla de Eubea, «para que, así, los atenienses no pecaran por segunda vez contra la filosofía» (la primera, fue cuando condenaron a muerte a Sócrates). Muere un año después, a la edad de 72 años, en el 322 a.C.

Aristóteles es autor de una gran cantidad de escritos sobre los más diversos temas y las más variadas disciplinas: Física, Biología, Zoología, Astronomía, Psicología, Ética, Política, Teología, Lógica, Epistemología, Ontología, Metafísica y Poética.

Según Aristóteles, todo ser natural tiende a la actualización de lo que le es propio, de lo que es de modo esencial. El fin hacia el que tiende cada ser particular es, por relación a él mismo, un bien. Así, pues, si hablamos del hombre, el bien consistirá en la actualización de aquello en lo que, de modo más propio y esencial, consiste «ser hombre». Y puesto que lo que más esencialmente distingue al hombre del resto de los animales es la razón, para el hombre, el bien más elevado, el «bien supremo», consistirá en la actualización de su racionalidad. Actúa del modo más excelente el que, tanto en el decir como en el hacer o el actuar, se comporta racionalmente o se conduce como un ser racional. La excelencia o la virtud (areté) consisten en actuar «según la razón».

En este cumplimiento de lo que más esencialmente le corresponde ser, alcanza el hombre la felicidad (eudaimonía), que es el fin último que todos los hombres persiguen (Ética a Nicómaco, I, 2, 1095a 14-22). El hombre es feliz cuando realiza el «oficio de hombre», esto es, cuando se comporta de acuerdo con aquello que le define como tal, cuando vive según la razón (Ética a Nicómaco, I, 7, 1097b-1098a). Ahora bien, es imposible una vida racional si no se tiene un cuerpo satisfecho y un alma equilibrada y prudente. La vida racional precisa de bienes materiales suficientes para calmar el hambre, la sed y las necesidades corporales. Y también es preciso que el alma haya encontrado un equilibrio para administrar sus pasiones. Este equilibrio, Aristóteles lo localiza en un término medio entre actitudes extremas. Así, por ejemplo, la valentía es un término medio entre la cobardía y la temeridad; la generosidad es el término medio entre el despilfarro y la tacañería. La capacidad de actuar conforme al término medio se llama prudencia.

 

 

REPÚBLICA

Es un régimen político basado en la elección del jefe del Estado a través del sufragio. Con las revoluciones burguesas de finales del xviii se fraguaron los principios del republicanismo actual, basado en un régimen constitucional con división de poderes y cuyo dirigente máximo es un presidente.

 

 

MONARQUÍA

Modelo político en el que la jefatura del Estado es ocupada con carácter vitalicio por una persona (rey o monarca) que recibe y transmite el poder por vía hereditaria. Hablamos de «monarquía absoluta» cuando el monarca puede ejercer ese poder de manera irrestricta y de «monarquía constitucional» cuando el rey está obligado a ejercer ese poder respetando los límites que le marca la Constitución.

 

 

PATRIARCADO

De pater (padre) y arkhein (gobierno), etimológicamente designa el gobierno de los jefes de familia. Actualmente, se denomina patriarcado a la dictadura ejercida por los varones en todos los niveles de la vida social, es decir, al monopolio de la autoridad política, social, moral y sexual por parte de los hombres.

 

 

FEMINISMO

Movimiento social y político surgido en el siglo xix que adopta como objetivo prioritario suprimir las diferencias jurídicas, políticas, sociales y económicas existentes entre los dos géneros. El feminismo pugna por eliminar una situación de desigualdad previa generada por siglos y milenios de dominación masculina, es decir, de patriarcado. El feminismo defiende la identidad y la dignidad femeninas de la agresión de la que ambas han sido objeto a lo largo de la historia por parte de los hombres, y reivindica el derecho de las mujeres a intervenir en la vida pública y privada en plano de igualdad con aquellos. Así, pues, el feminismo es, ante todo, un movimiento de defensa contra una agresión histórica continuada, contra la discriminación de la mujer en cualesquiera ámbitos de la vida social, contra el desprecio masculino de la condición femenina y contra toda pretensión de someter a las mujeres, por razón de su sexo, a roles y a reglas impuestos interesadamente por los hombres. Por último, el feminismo trata de promocionar una interpretación de la existencia, del mundo y de la historia, basada en la experiencia femenina que venga a terminar con el predominio casi absoluto de la interpretación «androcéntrica» de toda realidad. Dentro del movimiento feminista se han generado durante el siglo pasado diversas corrientes y tendencias.

 

 

ÁGORA: Espacio despejado en el centro de las póleis griegas, donde se desarrollaba la vida pública. Era el lugar de encuentro y de comunicación por excelencia, el espacio en el que se realizaba el intercambio de productos, bienes y servicios (mercado) y, sobre todo, el lugar en el que se discutía sobre los asuntos que afectaban a la vida pública y se tomaban las decisiones políticas. 

 

 

PÓLIS: Es la forma típica de organización sociopolítica griega. Las póleis son ciudades-estado. Son “estados” por cuanto que constituyen comunidades políticas soberanas. Son “ciudades” por cuanto que la vida social de cada una de ellas se organiza en torno a un núcleo urbano (desde el que se discute y se decide sobre los asuntos que afectan al conjunto de la comunidad). Las póleis disponían de una administración autónoma y tenían jurisdicción sobre un territorio relativamente pequeño. Grecia estaba compuesta por decenas de póleis, entre las que destacaron por su tamaño y su importancia Atenas y Esparta.

 

 

DEMOS: Cada una de las vecindades del Ática. Disponían de una administración independiente y contribuían a los gastos generales de la pólis. Tenían representación en la Asamblea o Boulé (en la que se tomaban las decisiones que afectaban a la vida pública). Formaban parte del demos, todos los ciudadanos libres y, excepcionalmente, algunos “metecos” (residentes extranjeros), pero no las mujeres ni los esclavos. En el compuesto “democracia”, demos significa “pueblo”, si entendemos por tal el conjunto de la ciudadanía (politeia). La democracia es, por tanto, el gobierno (kratos) del pueblo (gobierno que el pueblo ejercería a través de sistemas de representación política más o menos directa).

 

 

ZEUS

Dios supremo de los griegos, venerado por todos los pueblos helénicos. Es el dios de la Luz y también el dios del rayo. Es el guardián del equilibrio del Universo, el garante de la justicia y el orden cósmicos, y el custodio y el defensor de los privilegios de los dioses. Su poder se extiende también sobre los hombres, de los cuales se erige eventualmente en protector.

 

 

GEA

Es la personificación de la Tierra. Engendró por sí misma al Cielo (Urano), a las Montañas y al medio marino (Ponto). Se unió a su hijo Urano, que la cubrió por completo, y de esa unión nacieron los primeros dioses: los seis titanes y las seis titánides, los cíclopes y los hecatonquiros (gigantes de cien brazos).

 

 

CRONOS

Es uno de los titanes, hijo menor de Gea y de Urano, perteneciente a la primera generación divina, la que precedió a Zeus y a los dioses olímpicos. Reinó durante un tiempo sobre la tierra, siendo su primer soberano. Simboliza el Tiempo.

 

 

REA

Es una de las titánides, hija de Gea y de Urano. Se unió a Cronos y compartió con él la soberanía del mundo. Es la madre de Zeus.


INTERCAMBIO DESIGUAL: El intercambio desigual es un modelo del comercio internacional propuesto en 1969 por el economista Arghiri Emmanuel (1911-2001) para explicar uno de los mecanismos que producen el desarrollo desigual de los distintos países. Como todo modelo, parte de una serie de supuestos simplificadores, que son habituales en las teorías del comercio internacional para hacer posible el análisis. Los supuestos de partida del modelo son: (I) el capital es perfectamente móvil entre los diferentes países, y se desplaza buscando la mayor cuota de ganancia, pero (II) la fuerza de trabajo es prácticamente inmóvil: está ligada a cada país; (III) existen grandes diferencias en los niveles salariales entre los países “desarrollados” y los “no desarrollados”, a pesar de que (IV) las diferencias en la productividad del trabajo entre esos países son mucho menores. En estas condiciones, al ser mayor la cuota de ganancia en los países “no desarrollados” (por el menor nivel salarial), el capital se desplaza hacia ellos. Esto eleva el precio de los productos en los países de los salarios más elevados, y los reduce en los de los salarios inferiores. Como consecuencia del equilibrio de la cuota de ganancia, el intercambio internacional se produce en proporciones que no son iguales al trabajo incorporado en las mercancías. De esta forma, los países “desarrollados” se apropian de más tiempo de trabajo del que ofrecen en sus productos. En otras palabras: se transfiere una plusvalía desde los países “no desarrollados” hacia los “desarrollados”, lo que reduce la capacidad de acumulación de aquellos y retroalimenta su falta de desarrollo. La teoría del intercambio desigual ha sido discutida desde distintos ángulos. El economista Claudio Jedlicki ha dicho recientemente a propósito de su tesis principal: “Creemos que la explotación fundamental que vive el Tercer Mundo se ejerce a través del imperialismo comercial y sin embargo muchos de los tercermundistas, cuya buena fe no ponemos en cuestión, focalizan al imperialismo financiero de los bancos y al imperialismo productivo de las transnacionales como los culpables. Ellos verifican los intereses pagados a los primeros, es decir a los bancos, y las utilidades que repatrían los segundos, es decir las multinacionales, como indicadores de la explotación. Cierto, en los intercambios comerciales, no hay más huellas que los eventuales desequilibrios, excedentes o déficit que se puedan producir. La explotación no aparece explícitamente, está escondida en los precios, es por eso que no la ven. En definitiva, hay que reconocerlo, la problemática del intercambio desigual o como se quiera llamar a todo esfuerzo por revalorizar las exportaciones del Tercer Mundo, deja al descubierto, al menos en los países desarrollados, una realidad que no puede ser eludida: los bajos precios de éstas contribuyen al elevado estándar medio de vida en los países desarrollados” (Claudio Jedlicki, “El intercambio desigual”, en Breviario temático para La Iniciativa Salarios

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