Hobsbawm: Marx y Darwin

9 08 2010

“La dificultad para la ciencia del siglo XIX residía no tanto en la admisión de una historización del universo –nada más fácil de concebir en una era de cambios históricos evidentes y masivos, como en combinarla con el uniforme, continuo y no revolucionario funcionamiento de las leyes naturales inmutables. De sus consideraciones no estuvo ausente cierto recelo por la revolución social, más que por la religión tradicional, cuyos textos sagrados la hacían derivar del cambio discontinuo (creación) y de la interferencia en la regularidad de la naturaleza (milagro). Sin embargo, en esta época parecía que la ciencia dependía de la uniformidad e invariabilidad. Sólo para pensadores revolucionarios como Marx no fue difícil concebir situaciones en las que 2 más 2 no fuese igual a 4, sino que podía ser distinto. El gran logro de los geólogos había sido explicar la siguiente operación: exactamente las mismas fuerzas visibles en la actualidad podían explicar la enorme variedad de lo que podía ser captado observando la tierra inanimada, del pasado y del presente, dado un periodo de tiempo suficiente. Y el gran logro de la selección natural fue explicar la variedad, incluso mayor, de especies vivientes, incluido el hombre. Este éxito indujo y aún induce a los pensadores a infravalorar los diversos y nuevos procesos que gobiernan el cambio histórico y a reducir los cambios en las sociedades humanas a leyes de evolución biológica –con importantes consecuencias, y a veces intenciones, políticas: el darwinismo social. (…). La violencia con la que se resistió a la evolución, fue fruto de la ideología. ¿Cómo el hombre, creado a imagen de Dios, podía ser más que un simio modificado? Ante el dilema de elegir entre monos y ángeles, los oponentes de Darwin escogieron el bando de los ángeles”

(Eric Hobsbawm La era del Capital 1848-1875. Editorial Crítica. Barcelona, p.267-268).

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23 10 2014
prometeo

“La Internacional fundada en Londres y rápidamente dirigida por el capaz Karl Marx, comenzó como curiosa combinación de dirigentes sindicalistas británicos de tendencia liberal-radical, y un indefinido estado mayor general de viejos revolucionarios continentales con puntos de vista cada vez más variados e incompatibles. Sus batallas ideológicas acabarían finalmente con ella (…). Se rompió asimismo la Internacional, al no ser capaz de eliminar la influencia de la anticuada izquierda cuyo fracaso era evidentísimo” (Eric Hobsbawm La era del capital, 1848-1875. 6.2. Las fuerzas de la democracia).

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