Del rentista al industrial: las clases sociales.

La  Revolución francesa como superación de la separación feudal en clases entre señores y siervos. Nacimiento de la burguesía.

 

“La Ilustración (…) ha perseguido desde siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y constituirlos en señores. Pero la tierra enteramente ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad. El programa de la Ilustración era el desencantamiento del mundo, pretendía disolver los mitos y derrocar la imaginación mediante la ciencia”.

(Max Horkheimer y Theodor W. Adorno Dialéctica de la Ilustración. (1969). «Concepto de Ilustración». Editorial Trotta, Madrid 1998, p.59).

 

“El señor característico de las zonas serviles era, pues, un noble propietario y cultivador o explotador de grandes haciendas, cuya extensión produce vértigos a la imaginación: Catalina la Grande repartió unos cuarenta o cincuenta mil siervos entre sus favoritos; los Radziwill, de Polonia tenían propiedades mayores que la mitad de Irlanda; los Potocki poseían millón y medio de hectáreas en Ucrania; el conde húngaro Esterhazy (patrón de Haydn) llegó a tener más de dos millones. Las propiedades de decenas de miles de hectáreas numerosas. Aunque descuidadas y cultivadas con procedimientos primitivos muchas de ellas, producían rentas fabulosas. El grande de España podía -como observaba un visitante francés de los desolados estados de la casa de Medina-Sidonia- «reinar como un león en la selva, cuyo rugido espantaba a cualquiera que pudiera acercarse, pero no estaba falto de dinero, igualando los amplios recursos de los milores ingleses».

Además de los magnates, otra clase de hidalgos rurales, de diferente magnitud y recursos económicos, expoliaba también a los campesinos. En algunos países esta clase era abundantísima, y, por tanto, pobre y descontenta. Se distinguía de los plebeyos principalmente por sus privilegios sociales y políticos y su poca afición a dedicarse a cosas -como el trabajo- indignas de su condición. Esta clase (…) en España, a finales del siglo XVIII, la componían medio millón de personas” (Hobsbawm La era de la revolución 1789-1848. Editorial Crítica. Barcelona 2003, pág.23).

 

“En 1789, un exayudante de pañero como es Robert Owen podría empezar en Manchester con cien libras prestadas y en 1809 adquirir la parte de sus socios en la empresa New Lanark Mills por 84.000 libras en dinero contante y sonante. (…). Téngase  en cuenta que, hacia 1800, menos del 15 por cien de las familias británicas tenían una renta superior a cincuenta libras anuales, y de ellas sólo una cuarta parte superaba las doscientas libras al año” (Hobsbawm La era de la revolución, Op.cit., pág.43).

 

“Además, era un rasgo peculiar de España el que todo campesino que tenía un escudo tallado en piedra sobre la puerta de su mísera cabaña se considerara hidalgo y que, en consecuencia, la población rural, aunque pobre y expoliada, no solía sentir la honda humillación que exasperaba a los campesinos del resto de la Europa feudal” (Karl Marx La revolución en España. Editorial Progreso. Moscú 1974, pág.60. Fragmento inédito de la serie de artículos «La España revolucionaria». Escrito por Marx el 21 de noviembre de 1854, publicado por primera vez en 1957).

 

“En cuanto a nosotros, teniendo en cuenta todo nuestro pasado, sólo nos queda un camino. Durante casi cuarenta años hemos insistido en que la lucha de clases es la fuerza motriz esencial de la historia, y en particular que la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado es la máxima palanca de la revolución social moderna; por ello nos es imposible colaborar con gentes que desean desterrar del movimiento esta lucha de clases. Cuando se constituyó la Internacional formulamos expresamente el grito de combate: la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma. Por ello no podemos colaborar con personas que dicen que los obreros son demasiado incultos para emanciparse por su cuenta y que deben ser liberados desde arriba por los burgueses y pequeñoburgueses filántropos” (Correspondencia Carlos Marx y Federico Engels. Ediciones de Cultura Popular. México 1972, volumen 3, pág.51. Carta de Marx y Engels a Bebel, Liebknecht, Bracke y otros. Londres, mediado de 1879, borrador).

 

“Si alguien me preguntara lo que realmente es el hombre común, no sabría describirle más que diciendo que es todo aquel cuya mente está primordialmente ocupada con cuestiones relacionadas con un sustento, que nunca llega a imaginarse en qué puede consistir la función por el conocimiento o un placer del espíritu, como tampoco un sordo de nacimiento puede tener un juicio sobre un maravilloso concierto. Esta gente carece de entusiasmo o estímulo. Parece que fueron hechos de la misma materia que Adán, pero que la vida del espíritu no les fue insuflada. Viven de día a día y progresan como el ganado” (G.W.Leibniz, citado por Friedrich, C.J.: «Philosophical Reflections of Leibniz on Law, Politics and the State», en: Leibniz: A Collection of critical Essays. H.G.Frankfurt (Ed.), New York, 1966, p.67).

 

“Los buenos y los malos son muy pocos los unos y los otros, y muchísimos los del medio” (Platón Fedón 90a).

 

Vocabulario: esclavos, siervos, villanos, plebeyos, hidalgos, nobles, burgueses, aristócratas, clérigos, jacobinos, girondinos, campesinos, obreros, sans-culottes.

 

Un comentario

2 08 2012
Anachuri Alberto

sos un terrible boludo zapato

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