La emancipación de los siervos en las Memorias de Kropotkin

La emancipación de los siervos en las Memorias de Kropotkin

KROPOTKIN, P., 1965,236 ss.

En noviembre del 57, el famoso «rescripto» dirigido al gobernador general de las provincias lituanas, anunciando la intención del emperador de abolir la servidumbre de los campesinos, fue lanzado a la publicidad, y nosotros leímos, con los ojos humedecidos por el llanto, el hermoso artículo de Herzen titulado Has vencido, Galileo, en el cual los refugiados en Londres declaraban que en adelante no mirarían a Alejandro 11 como enemigo, sino que, por el contrario, le ayudarían en, la gran obra de la emancipación.

La actitud de los campesinos fue verdaderamente notable: no bien circuló la noticia de que la tan deseada liberación se aproximaba, casi todas las insurrecciones se contuvieron. La población rural adoptó una actitud expectante, y durante un viaje que Alejandro efectuó por el interior del país, por todas partes le salían al paso, rogándole les diera libertad, petición que, a pesar de todo, él recibió con gran repugnancia.

[ … ] Pero a estos primeros momentos de regocijo general, siguieron años de incertidumbre e inquietud; comisiones especialmente nombradas al efecto en las provincias y en San Petersburgo, discutían el asunto; pero la voluntad de Alejandro parecía vacilante, y de continuo se contenía a la prensa para evitar que se discutieran los detalles. [ … ]

No faltaban jóvenes entre la nobleza, que trabajaran sinceramente por la franca abolición de la vieja servidumbre; pero el partido contrario se unía cada vez con más fuerza en torno del emperador y concluyó por influir en su ánimo. Ellos murmuraban a su oído que el día que se aboliera la servidumbre, los campesinos empezarían a matar a todos los propietarios territoriales, y Rusia presenciaría un nuevo levantamiento Pugachev, mucho más terrible que el de 1773, y Alejandro, que era un hombre de carácter débil, prestó fácilmente acogida a tales predicciones. Pero toda la máquina destinada a producir la ley de la emancipación se había puesto en movimiento; las juntas se reunían; buen número de proyectos de emancipación dirigidos al emperador, circulaban manuscritos e impresos en Londres. [ … ]

La liberación tenía que realizarse; y otra cosa de importancia se había conseguido: los libertos recibirían, además de sus hogares, las tierras que hasta entonces hubiesen cultivado.

Sin embargo, el partido de la antigua nobleza no se desanimaba; concentraba sus esfuerzos en la obtención de un aplazamiento de la reforma, en reducir las dimensiones del terreno que se había de conceder al liberto y en la imposición de un impuesto de redención sobre aquél, tan elevado, que hiciera ilusoria su libertad económica; viendo semejantes pretensiones coronadas por el éxito, Alejandro II despidió al que era alma verdadera de todo el movimiento, Nicolás Miliútin (hermano del ministro de la Guerra). [ … ]

Hacia fines del año 60 las noticias eran cada vez peores. [ … ]

En enero del 61 empezaron a circular rumores un poco menos pesimistas, y generalmente s~ confiaba que algo respecto al particular podría surgir el 19 de febrero, aniversario del advenimiento al trono del emperador.

Llegó la fecha deseada, pero no trajo nada nuevo. [ … ]

Quince días después, el último domingo de Carnaval (el 5 de marzo, o más bien el 17, según el Nuevo Cómputo), estaba en el colegio, por tener que tomar parte en un desfile militar de la escuela de equitación; aún me hallaba en cama, cuando mi asistente Ivanov entró precipitadamente con el servicio de té, exclamando: «¡Príncipe, libertad. El manifiesto está fijado en el Gostini Dvor!». [ … ]

Leí y releí el manifiesto; estaba escrito en un estilo elevado por el antiguo metropolitano de Moscú, Philarete, pero con una mezcla de ruso y antiguo eslavo que obscurecía el sentido. Era la libertad, sin duda; pero no en el acto, teniendo los aldeanos que seguir en la servidumbre dos años más, hasta el 19 de febrero de 1863. A pesar de todo esto, una cosa resultaba abolida, y los libertos tomarían posesión de sus hogares y sus tierras. Verdad es que tendrían que pagarlas; pero la antigua mancha de la esclavitud se había borrado; ya no serían esclavos; la reacción esta vez no ganó la partida. [ … ]

Estuve en Nikólskoie en agosto del 61 y también en el verano del 62, y me admiró la manera tranquila e inteligente con que los aldeanos habían aceptado el nuevo orden de cosas. Sabían perfectamente lo difícil que sería pagar el impuesto de redención por el terreno, que era en realidad una indemnización a la nobleza, en vez de las obligaciones de la servidumbre; pero tanto apreciaban la abolición de la esclavitud personal, que aceptaron cargas tan ruinosas, no sin murmurar, como una dura necesidad, desde el momento que se obtenía la libertad personal. [ … ]

Para muchos propietarios, la liberación de los siervos fue un excelente negocio; así, por ejemplo, tierras que mi padre, anticipándose a la emancipación, vendió en parcelas al tipo de once rublos el acre ruso, fueron luego estimadas al de cuarenta en las entregadas a los campesinos; esto es, tres veces y media más de su precio en el mercado, y esto era lo corriente en todos nuestros alrededores; mientras que en la finca de Tambov, de mi padre, en las praderas, el mir, esto es, la aldea en común, fijó el tipo de la renta en todas sus tierras por doce años en un precio que representaba el doble de lo que él acostumbraba a obtener de ellas cuando las cultivaban los siervos. [ … ]

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One response

29 08 2011
dayana narvaes

no gas esa respuesta

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