El congreso eslavo de Praga (mayo de 1848) visto por Bakunin

A mi modo de ver, la importancia del Congreso Eslavo radicaba en el hecho de constituir el primer encuentro, el primer contacto, la primera tentativa de los eslavos para unirse y comprenderse. Por lo que se refiere al congreso mismo, resultó vacío de ideas y absurdo, como todos los congresos y asambleas políticas de la época. En cuanto a los orígenes del Congreso Eslavo, he aquí cuanto sé: Hacía mucho tiempo que en Praga existía un círculo de estudios literarios, el cual se había impuesto la tarea de conservar, cultivar y desarrollar la literatura checa y las costumbres nacionales, así como las de la nación eslava en general, oprimida, ofendida y menospreciada tanto por los alemanes como por los húngaros. Dicho círculo mantenía relaciones muy activas y muy continuadas con otros círculos análogos de eslovacos, croatas, eslovenos y servios, así como los lausicianos de Sajonia y de Prusia, y por así decirlo se encontraba a la cabeza de todo este movimiento. Palacki, Schafarik, el conde Thun, Hanka, Kolar, Urban, Luis Stur y algunos otros eran los jefes de la propaganda eslava que, siendo literaria en sus comienzos, había ido adquiriendo poco a poco una importancia política.
Aunque no le agradasen lo más mínimo, el gobierno austríaco toleraba esas organizaciones, las cuales efectivamente constituían una oposición contra los húngaros. Para caracterizar el tipo de actividad de las mismas, no citaré más que un ejemplo: hace diez o quince años nadie, absolutamente nadie, hablaba checo en Praga, acaso con la excepción del pueblo bajo y los obreros; todo el mundo vivía a la alemana y hablaba alemán, avergonzándose de sus orígenes checos y de su lengua nacional; en la actualidad, por el contrario, hombres, mujeres y niños, nadie quiere hablar alemán, y los mismos alemanes que viven en Praga han aprendido a entender el checo y a expresarse en dicha lengua. Sólo he mencionado el ejemplo de Praga, pero el mismo fenómeno se ha producido en todas las demás ciudades de Bohemia, Moravia y Eslovaquia, sean grandes o pequeñas; en los pueblos jamás se dejó de vivir según las costumbres eslavas, ni de hablar en eslavo. No ignoráis, Señor, cuán profundas e intensas son las simpatías que los eslavos sienten con relación al poderoso Imperio ruso, del cual esperan ayuda y protección, así como hasta qué punto el gobierno austríaco, y todos los alemanes en general, temían y continúan temiendo al paneslavismo ruso. Durante estos últimos años, el círculo de estudios literarios, aparentemente inofensivo, se había ampliado y consolidado; se había ganado e incorporado a toda la juventud, se iba enraizando en las masas populares, y el movimiento literario se había convertido de golpe en un movimiento político. Los eslavos ya no esperaban más que la ocasión propicia para mostrarse a los ojos del mundo.
Dicha ocasión se presentó en 1848. El Imperio austríaco estuvo a punto de descomponerse en sus diversos elementos incompatibles y hostiles entre sí, y si ha logrado prolongarse por un instante, no lo debe a sus fuerzas debilitadas sino exclusivamente a vuestra ayuda, Señor. Se sublevaron los italianos, luego los húngaros y los alemanes y por fin los eslavos. El gobierno austríaco, o más bien el gobierno de Insbruck -pues había entonces varios gobiernos austríacos, dos por lo menos: uno real en Insbruck, el otro oficial y constitucional, en Viena, sin hablar del tercero, el de Hungría también reconocido oficialmente-, el gobierno dinástico de Insbruck, como iba diciendo, abandonado por todos y casi enteramente desprovisto de medios, se puso a buscar su propia salvación en el movimiento nacional de los eslavos.
La primera idea de reunir en Praga un congreso eslavo proviene de los checos, Schafarik, Palacki y el conde Thun. En Insbruck esta idea fue acogida con estusiasmo, con la esperanza de que el Congreso Eslavo serviría como contraveneno para el congreso de los alemanes reunido en Frankfurt. El conde Thun, Palacki y Brauner crearon entonces en Praga una especie de gobierno provisional; reconocidos por el gobierno de Insbruck, entraron en relaciones directas con él, a espaldas de los ministros vieneses a los que se negaban a reconocer y a los que no querían obedecer, considerándolos como enemigos, como representantes de la nacionalidad alemana. Así se constituyó el partido checo casi oficial, semieslavo y semigubernamental; gubernamental porque quería salvar la dinastía, el principio monárquico y la integridad del Imperio de Austria; pero no sin exigir a cambio primero, una constitución y luego el traslado de ia capital imperial de Viena a Praga, lo que en efecto se prometió, aunque con la firme intención de no cumplirlo; por fin, la transformación completa del Imperio austríaco llamado a convertirse, de imperio  Alemán, en un imperio eslavo, de modo que ya ni los alemanes ni los húngaros hubiesen oprimido a los eslavos, sino los eslavos, por el contrario, a los húngaros y alemanes. Palacki expresó todo esto en los siguientes términos, en un folleto que publicó entonces: «Wir wollen das Kunstük versuchen, die bis zu ihrem tiefsten Wesen erschütterte Monarchie auf unserem slavischen Boden und mit unsere slavischen Kraft zu beleben, zu heilen und zu befestigen* »; era una empresa imposible, que les hubiera condenado a engañar o ser engañados.
Pero el partido checo no se contentó con esta predominancia del  elemento checo en el interior del Imperio austríaco. Apoyándose en su carácter semioficial y en las halagadoras promesas de Insbruck, quiso organizar a su favor una especie de hegemonía checa y sancionar, entre los mismos eslavos, la predominancia de la lengua y la nacionalidad checas. Sin hablar siquiera de Moravia, tenía la intención de unir a Bohemia, Eslovaquia, la Silesia austríaca, e incluso Galitzia, amenazando a los polacos, en el caso de que se negaran a someterse, con una rebelión de los rusos, en una palabra, quería formar un poderoso reino de Bohemia.
Tales eran las pretensiones de los políticos checos. Naturalmente suscitaron una fuerte oposición por parte de los eslavos, los silesios y sobre todo los polacos. Estos últimos no habían llegado a Praga ni para someterse a los checos ni, para decir toda la verdad, porque se sintieran demasiado atraídos por sus hermanos eslavos, sino simplemente porque tenían la esperanza de encontrar apoyo y ayuda para sus propias empresas nacionalistas.

One response

3 04 2011
lili

mmmmmmmmmm

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