Unificación de Italia. La política exterior de Cavour

 

Unificación de Italia. La política exterior de Cavour: carta del primer ministro piamontés al marqués de D’ Azeglio, embajador en Londres (8 de mayo de 1860)

BIANCHI, N., 1885,358-361.

 

Querido Marqués:

La situación de Sicilia me decide a apartarme de la discreción que me había impuesto frente al gobierno inglés, debido a la desconfianza que la cuestión de Saboya había provocado desgraciadamente en contra nuestra, en Inglaterra.

Cualquiera que sea la diferencia de opiniones que en aquella ocasión se manifestó entre los ministros de S.M. B. Y yo, diferencias que siento en gran manera, me parece indudable que Inglaterra y Cerdeña tiene un mismo y único interés respecto a Sicilia. Efectivamente, nuestro único fin (y se lo habréis podido repetir en más de una ocasión a Lord Palmerston y a Lord John) es devolver Italia a los italianos, fundar, de manera duradera y real, la independencia de la Península y liberarla de toda sujeción, tanto moral como material: Hemos cedido Niza y Saboya porque, con razón o sin ella, creemos que estos países no forman parte de la tierra italiana. Pero (como me apresuré a comunicarle telegráficamente) no pensamos ceder ni una pulgada de territorio italiano, hubiere o no ventajas en el cambio que se nos propusiera.

 

Podéis, pues, desmentir plenamente el rumor absurdo sobre la cesión de Génova o de cualquier otra parte de Liguria a Francia. Lord Palmerston y Lord John son demasiado perspicaces para no creer en la sinceridad de esta declaración. Mediante el tratado del 24 de marzo hemos intentado que Francia no pudiera tener pretexto alguno para poner obstáculos a la continuación de nuestra política en Italia. Espero haberlo conseguido, por lo menos en lo que se refiere a Sicilia, donde nadie piensa en el muratismo. Pero si el entendimiento con Francia nos cuesta tanto esfuerzo y tantos sacrificios, el entendimiento con Inglaterra debe ser natural y casi necesario. Conozco demasiado bien el sistema de la política inglesa actual para creer a los viejos partidarios de la rutina, que atribuyen a Lord Palmerston veleidades de conquista de Sicilia, o el proyecto de hacer de ella un feudo sometido al protectorado de Inglaterra. En Sicilia, como en Italia central, Inglaterra no puede tener más que una finalidad: dejar que los italianos decidan su destino, impedir cualquier intervención o influencia extranjera. Esto es precisamente lo que queremos, porque, y lo repito, antes que nada soy italiano y para que mi país disfrute del self-gouvernement en el interior y en el exterior, he emprendido la dura tarea de expulsar a Austria de Italia, sin que sea sustituida por ninguna otra potencia …

Tendréis, pues, buen cuidado de explicar a Lord Palmerston que en la cuestión de Sicilia deseamos antes que nada estar en perfecto acuerdo con Inglaterra. No hemos animado a Garibaldi a lanzarse en esta aventura, que nos parecía temeraria… Sin embargo … no nos hemos considerado con derecho a impedir, por la fuerza, los esfuerzos que tratan de mejorar el destino de los sicilianos. Si Garibaldi consigue su propósito, si la gran mayoría de sicilianos se reúne a su entorno, lo único que pedimos para ellos es plena libertad para decidir su destino, y que puedan utilizar la independencia que habrán conseguido de la manera que les parezca más conveniente…

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