El régimen de Bismarck, un ejemplo de dictadura bonapartista

 

El régimen de Bismarck, un ejemplo de dictadura bonapartista

WEHLER, HANS-ULRICH: «Bismark’s Imperialism, 1862-1890», Past and Present, núm. 48 (1970), 122123.

 

 

El gran Estado imperial prusiano, tal y como lo fundó en 1871 Bismarck era el producto de la «revolución desde arriba» en su etapa militar. La legitimidad del joven Reich no estaba básicamente aceptada ni tampoco estaba fundada en un código de convicciones políticas básicas generalmente aceptado, como se demostraría en los años de crisis inmediatamente después de 1873. Bismarck tenía que esconder las diferencias sociales y políticas de la sociedad, llena de tensiones de clase, de su nueva Alemania y hasta el final confió en una técnica de integración negativa~ Su método consistía en crear conflictos entre los grupos que eran claramente hostiles al Reich, Reichsfeinde, como los socialistas y católicos, liberales del ala izquierda y judíos, y los grupos claramente leales al Reich, Reichsfreunde. Gracias a los conflictos permanentes entre estos grupos a favor y en contra consiguió componer varias mayorías para su política. El canciller estaba pues siempre obligado a proporcionar ideas que procuraran aliados para su Reichspolitik, y a legitimar su sistema a base de producir periódicamente éxitos políticos. Dentro de una tipología contemporánea de estructuras de poder en la segunda mitad del siglo XIX, el régimen de Bismarck podría clasificarse como una dictadura bonapartista: una estructura tradicional, inestable social y políticamente, que se encontraba a su vez amenazada por poderosas fuerzas de cambio político y social, que debía defenderse y estabilizarse distrayendo la atención de la política constitucional y dirigiéndola hacia la política económica de la emancipación en el país y hacia los éxitos de compensación en el exterior. Estos objetivos conseguían realizarse mediante una represión manifiesta y mediante concesiones limitadas. Así podía mantenerse también la dictadura neoabsolutista y seudoconstitucional del Canciller. Al garantizar protección a la burguesía frente a las demandas de emancipación política y social de los obreros, pero a cambio de su abdicación política, el dictador ejecutivo conseguía una reconocida fama de independencia política frente a los grupos sociales y los intereses económicos. Y del mismo modo que la expansión a otros continentes, por consideraciones domésticas y económicas, se había convertido en un elemento del estilo político del bonapartismo francés, también Bismarck, después de un corto período de consolidación de los asuntos exteriores, vio la ventaja de esta expansión como un antídoto de los contratiempos que surgían de vez en cuando, y de las permanentes amenazas, directas o latentes, contra todo su sistema, y se convirtió en un «hombre de estado cesarista».

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