La Ideología y el programa político de Napoleón III

 

La Ideología y el programa político de Napoleón III

 

Cansado por teorías absurdas, el pueblo se ha convencido de que los pretendidos reformadores no eran más que soñadores, que manifestaban contradicciones, desproporción entre los medios y resultados prometidos.

Hoy, Francia me rodea con su ;simpatía porque no pertenezco a la :familia de los ideólogos. Para conseguir la felicidad del país no es necesario aplicar nuevos sistemas sino transmitir, ante todo, confianza en el presente, seguridad en el porvenir. He aquí por qué Francia parece querer volver al Imperio.

Existe, empero, un temor al que debo responder. Por espíritu desconfiado, algunas personas se dicen: «el Imperio es la guerra»; yo les aseguro: «el Imperio es la paz». Es la paz porque Francia la desea, y cuando Francia se encuentra satisfecha el mundo está tranquilo. La gloria se transmite por título de herencia pero no la guerra. ¿Acaso los príncipes que se honraban con ser nietos de Luis XIV han recomenzado sus contiendas?

La guerra no se hace por placer, se hace por necesidad, y en estas épocas de transición en las que por todas partes, al lado de tantos elementos de prosperidad, germinan tantas causas de muerte, se puede decir con verdad: desgraciado el primero que iniciara en Europa una lucha cuyas consecuencias serían incalculables.

Sin embargo, creo, como el Emperador, que hay conquistas que hacer. Deseo, como él deseó, conquistar la concordia de los partidos disidentes y reconducir en la corriente del gran río del pueblo las desviaciones hostiles que a nadie favorecen.

Deseo conquistar para la religión, la moral, el bienestar, a la parte todavía numerosa de la población que, en medio de un país de fe y creencias, apenas conoce los preceptos de Cristo y a los que en la tierra más fértil del mundo apenas pueden disfrutar de los productos de primera necesidad.

Tenemos inmensos territorios incultos que roturar, rutas que ensanchar, puertos que abrir, ríos que hacer navegables, canales que terminar, red de ferrocarriles que completar. Tenemos, frente a Marsella, un vasto reino que debe asimilarse a Francia. Tenemos que aproximar nuestros puertos del Oeste al continente americano con unas comunicaciones rápidas que todavía no conseguimos. Por todas partes encontramos ruinas que reconstruir, falsos dioses que abatir, verdades que hacer triunfar.

Así es como comprendo el Imperio, si el Imperio debe ser restablecido. Estas son las conquistas sobre las que medito. Vosotros, los que me rodeáis, los que queréis como yo el bien de nuestra patria, sois mis soldados.

 

Le Moniteur Universel, 12 de octubre de 1852. En VOILLIARD: Documentos de Historia. Tomo 11. Págs. 10-12

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One response

19 10 2012
adriaaaa

muy interesante

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