La Era de Hobsbawm en Bachillerato

10 11 2008
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La Era de Hobsbawm

 

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Revolución

 

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Capital

 

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Imperio

 

 

 

 

 

 

Esta página web pretende servir de ayuda a profesores y alumnos de las asignaturas de Historia del Mundo Contemporáneo y Filosofía y Ciudadanía de 1º de Bachillerato en el Estado Español. Para acceder a los materiales que aquí se recogen pulsa en “Revolución”, “Capital” o “Imperio”. Si quieres saber más sobre cómo está organizada la página y quiénes somos los que la hemos desarrollado, pulsa en “La Era de Hobsbawm”.





MARXISMO Y EVOLUCIONISMO

9 08 2010

Por un lado Karl Marx consideró inicialmente la obra de Charles Darwin como una simple proyección y desplazamiento de la estructura y categorías de la sociedad burguesa a la totalidad del reino animal, pero, por otro lado, llegaría a considerar la teoría de la evolución como los fundamentos naturalistas de sus propias teorías sociales. En un primer tiempo, influido por la crítica de la religión efectuada por Ludwig Feuerbach en su obra «Sobre la esencia del cristianismo», Marx percibe un antropomorfismo en la obra de Darwin, pero, precisamente por el ateísmo implícito en el evolucionismo -al negar la teleología, plan de Dios o providencia- la consideración de la obra de Darwin por Marx fue siendo cada vez mayor.

Darwin y sus seguidores se habían visto envueltos en graves polémicas entre el evolucionismo y la religión cristiana, ya que, aun sin quererlo, sus descubrimientos atentaban contra la fe en la creación de las especies por Dios y en la inmutabilidad de las mismas. Como ejemplo de religioso contrario al evolucionismo suele nombrarse al obispo Wilbeforce y como seguidor de Darwin ante dicha polémica a T.H.Huxley. Este último fue el primero en emplear la palabra «agnosticismo» en la polémica entre la ciencia y la religión, una expresión que después asimilaría Bertrand Russell. Y todavía hoy la controversia prosigue.

Constituyen todo ese cúmulo de ambiguas consideraciones entre Marx y Darwin un punto polémico que arrastraría después el marxismo en sus vertientes humanistas y estructuralistas, pero que tendrá un decisivo papel en las controversias de la ciencia con la religión, entre la historia y el materialismo histórico.

La admiración por Darwin, en cualquier caso, y quizás teniendo en cuenta el apoyo que pudiera prestar a su obra, fueron seguramente los motivos de que intentase Marx, sin obtener éxito, dedicarle la primera edición del libro II de «El Capital».

En realidad quien más contribuiría a reafirmar la ambigua creencia entre el paralelismo de las revoluciones científicas entre el darwinismo y el marxismo no sería otro que Friedrich Engels, el más ferviente defensor del materialismo histórico quien se encuentra a veces a la base de algunos equívocos respecto a su compañero de fatigas, de estudios, de escritos y de acciones políticas y revolucionarias. Entre los equívocos introducidos por Engels o surgidos a partir de su obra tendríamos el de que Marx pronunciase la frase en francés «lo único que sé es que yo no soy marxista», proposición de la cual, sin atender al contexto en que se formuló, se han hecho eco multitud de intelectuales, incluso el gran filósofo contemporáneo Jacques Derrida, que la expone en su espléndido libro de 1993 «Espectros de Marx».

-Carta de Marx a Lasalle de 16 de enero de 1861:

“La obra de Darwin es muy importante y para mí es apta como base en las ciencias naturales de la historia de la lucha de clases. Naturalmente, hay que dejar de lado la tosca manera inglesa de exposición. A pesar de todos sus defectos, no sólo se da aquí por primera vez el golpe de gracia a la «teleología» en la ciencia de la naturaleza, sino que también se explica empíricamente el significado racional de esta misma ciencia”.

-Carta de Marx a Engels de 1862:

“Es notable el hecho de que en los animales y en las plantas Darwin reconozca a su sociedad inglesa, con su división del trabajo, competición, la apertura de nuevos mercados, los inventos y la maltusiana lucha por la existencia (…) es el «bellum omnium contra omnes» de Hobbes y hace pensar en la «Fenomenología del Espíritu» cuando configura la sociedad burguesa como «reino animal ideal», en tanto que en él, el reino animal se configura como sociedad burguesa”.

-Carta de Darwin (en respuesta al envió de la segunda edición del primer libro de El Capital por parte de Marx) del 1 de octubre de 1873:

“Muy distinguido señor

Le doy las gracias por el honor que me hace al enviarme su gran obra sobre «El Capital»”; pienso sinceramente que merecería en mayor medida su obsequio si yo entendiera algo más de ese profundo e importante problema de economía política. Aunque nuestros estudios sean tan distintos, crea que ambos deseamos ardientemente la difusión del saber y que a la larga servirá, con toda seguridad, para aumentar la felicidad del género humano. Queda, muy distinguido señor, suyo afectísimo

Charles Darwin”.

-Respuesta de Darwin (a una Carta de Marx en la que le pedía autorización para dedicarle el libro II de El Capital que no se ha conservado) del 13 de octubre de 1880:

“Muy distinguido señor

Le estoy agradecido por su cortés carta y por el contenido de la misma. La publicación, en la forma que sea, de sus observaciones sobre mis escritos no precisa en realidad  de consentimiento alguno por mi parte, así que no sería serio que yo diera un consentimiento del que no tiene ninguna necesidad. Preferiría que no se me dedicara el tomo o el volumen (aunque le doy las gracias por el honor que quiere hacerme), puesto que eso significaría en cierto modo mi aprobación de toda la publicación, sobre la cual no sé nada. Además, aunque soy un decidido defensor de la libertad de pensamiento en todos los campos, me parece -con razón o equivocadamente- que las argumentaciones en forma directa contra el cristianismo y el teísmo difícilmente producen algún efecto en el público. Pienso que la libertad de pensamiento se promueve mejor a través de la gradual iluminación de las mentes que se deriva del progreso de la ciencia. Puede que, sin embargo, yo me haya visto influido excesivamente por el disgusto que habrían sentido algunos miembros de mi familia si hubiera apoyado de algún modo ataques dirigidos contra la religión.

Me disgusta rechazar su ofrecimiento, pero soy viejo, tengo muy pocas fuerzas y leer pruebas de imprenta -como sé por experiencia reciente- me cansa mucho.

Quedo, muy distinguido señor, suyo afectísimo

Charles Darwin”.

-Discurso de Engels ante la tumba de Marx de 1883:

“De la misma forma que Darwin ha descubierto las leyes del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx ha descubierto las leyes del desarrollo de la historia humana”.

-Prefacio de Engels a su libro «Dialéctica de la Naturaleza»:

“Darwin no sabía la amarga sátira que estaba escribiendo sobre los hombres, y particularmente sobre sus compatriotas, cuando demostraba que la libre concurrencia, la lucha por la existencia, que los economistas exaltan como el más elevado producto histórico, son el estado normal del mundo animal. Sólo una organización consciente de la producción social, en la que se produce y se reparte siguiendo un plan, puede elevar a los hombres, en el aspecto social, sobre el resto del mundo animal, en la misma medida en que la producción en general lo ha hecho como especie”.





Hobsbawm: Marx y Darwin

9 08 2010

“La dificultad para la ciencia del siglo XIX residía no tanto en la admisión de una historización del universo –nada más fácil de concebir en una era de cambios históricos evidentes y masivos, como en combinarla con el uniforme, continuo y no revolucionario funcionamiento de las leyes naturales inmutables. De sus consideraciones no estuvo ausente cierto recelo por la revolución social, más que por la religión tradicional, cuyos textos sagrados la hacían derivar del cambio discontinuo (creación) y de la interferencia en la regularidad de la naturaleza (milagro). Sin embargo, en esta época parecía que la ciencia dependía de la uniformidad e invariabilidad. Sólo para pensadores revolucionarios como Marx no fue difícil concebir situaciones en las que 2 más 2 no fuese igual a 4, sino que podía ser distinto. El gran logro de los geólogos había sido explicar la siguiente operación: exactamente las mismas fuerzas visibles en la actualidad podían explicar la enorme variedad de lo que podía ser captado observando la tierra inanimada, del pasado y del presente, dado un periodo de tiempo suficiente. Y el gran logro de la selección natural fue explicar la variedad, incluso mayor, de especies vivientes, incluido el hombre. Este éxito indujo y aún induce a los pensadores a infravalorar los diversos y nuevos procesos que gobiernan el cambio histórico y a reducir los cambios en las sociedades humanas a leyes de evolución biológica –con importantes consecuencias, y a veces intenciones, políticas: el darwinismo social. (…). La violencia con la que se resistió a la evolución, fue fruto de la ideología. ¿Cómo el hombre, creado a imagen de Dios, podía ser más que un simio modificado? Ante el dilema de elegir entre monos y ángeles, los oponentes de Darwin escogieron el bando de los ángeles”

(Eric Hobsbawm La era del Capital 1848-1875. Editorial Crítica. Barcelona, p.267-268).







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